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El factor anímico… June 20, 2007

Posted by Cristián in Noticias.
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Encontré un artículo interesante en otro blog que me gustaría compartir.

La baja expectativa de un profesor respecto a sus alumnos incide hasta en 22 puntos menos en el Simce

Mala relación entre profesor y alumno es clave en el rendimiento

Investigaciones señalan que cuando los estudiantes se exponen a situaciones adversas constantes, aparecen condiciones afectivas negativas que dificultan el aprendizaje.

Por: Elizabeth Simonsen

María José estaba en octavo básico en un colegio particular pagado, cuando pasó de ser una de las mejores alumnas a una de las más conflictivas. “Se juntaba con unas niñas medio desordenadas, la profesora les tomó mala y empezó a pelarlas con docentes e inspectores. Incluso me contaron que atacó a mi hija sin ningún pudor y otra apoderada la tuvo que defender”, cuenta Gabriela, su madre, quien optó por informar de la situación a la dirección del colegio. Como María José tenía un excelente historial y la profesora ya enfrentaba quejas de apoderados, las autoridades le dieron la razón a la niña. La docente fue evaluada y separada del colegio.
Como ella, son muchos los estudiantes a quienes alguna vez un profesor les ha tenido “mala”. Una situación que no sólo causa trastornos emocionales en el estudiante, sino que según investigaciones internacionales y locales, tiene claras implicancias en el aprendizaje. Esto, ya que las expectativas que tiene el profesor sobre sus alumnos es uno de los factores quemás impacto tiene en el rendimiento académico. Según investigaciones de Juan Casassus, consultor internacional en educación, los niños cuyos profesores tienen altas expectativas sobre sus habilidades obtienen 22 puntos más en el Simce, tanto en lenguaje como matemáticas, que los menores cuyos profesores tienen bajas expectativas. “Cuando aumenta la interacción emocional negativa entre el alumno y el profesor, disminuyen los buenos resultados”, explica Casassus.
Cuando los estudiantes se exponen a situaciones adversas constantes, aparecen condiciones afectivas negativas que dificultan el aprendizaje. El alumno establece ciertas creencias, cuyo sustento es emocional -que es desordenado, malo para las matemáticas o flojo- que son internalizadas como verdades absolutas. Luego, en su cerebro, se “fijan” esas emociones, con lo que cada vez que el niño se expone al aprendizaje, se repiten esas sensaciones negativas. “Cuando hay una emoción constante, el cerebro se especializa en esa reacción y siempre recurrirá a ella para responder frente al estímulo. Hay un autosufrimiento aprendido, sea lo que sea que haga, el profesor me va a recriminar”, explica Rodrigo Ulloa, académico de la U. de Concepción.
El profesor puede incluso no darse cuenta y manifestar implícitamente su rechazo a través del tono de voz y las actitudes con las que se dirige a los escolares.
Una investigación suya en colegios de la Octava Región lo demuestra: los establecimientos donde los profesores tenían bajas expectativas de sus alumnos, tenían los peores resultados en el Simce; en cambio, cuando los docentes tenían altas expectativas, los puntajes eran más altos. En el primer caso, los profesores centraban gran parte de su labor en el manejo de la disciplina, pues señalaban que sólo así podían pasar los contenidos mínimos. Mientras en el segundo grupo, la labor estaba centrada en el aprendizaje.

“Niños problema”

José Miguel (9) era considerado un “niño problema” cuando la fundación Adopta Un Hermano lo contactó para ponerlo bajo la tutoría de un voluntario universitario. Provenía de una familia muy vulnerable, y tenía un historial de bajo rendimiento. Estaba en cuarto básico y el profesor, su docente desde 1°, nunca le tuvo fe. Incluso, a finales del año pasado José Miguel estaba a punto de repetir, pero el profesor no le quería tomar el examen final, porque decía que la suerte ya estaba echada.
La intervención del tutor Gonzalo Arriagada fue clave. Realizó un minucioso trabajo para fomentar hábitos de estudio y subir la autoestima del menor. Así, José Miguel se convenció de hablar con el profesor y pedirle que le tomara la prueba. Se sacó un 7.
“La relación negativa se puede dar por alguna característica o acción específica del niño, que gatilla la reacción en el docente. Pero también puede darse con un cierto tipo de alumno, que incentivan los estereotipos del docente, fundados en prejuicios raciales, de género o de clase social”, dice Casassus.
Un fenómeno que detectó la investigación de Ulloa y que también ha encontrado Casassus en sus estudios. En los colegios particulares pagados los docentes tienen más expectativas de los alumnos que aquellos de las escuelas municipales. Pero incluso si se trata de niños que son verdaderamente líderes negativos, la responsabilidad también es de la escuela, pues ésta debe influir en la utilización benéfica de liderazgos positivos, afirma el investigador.
“Hoy es cada vez más importante que cada profesional se “trabaje” a sí mismo, para no caer en la negatividad, el estrés y la depresión. Esto es particularmente importante para los docentes, cuya labor se sostiene en el vínculo con los alumnos”, resume Casassus.

Cómo reconocer y enfrentar la situación

Christian Pablo Soto, psicólogo de Clínica Las Condes, da algunos consejos para detectar y tratar la mala relación de un profesor con un alumno.
1. Escuchar: los niños de hoy son más comunicativos que antes, por lo que hay que prestarles atención a aspectos como que no quiera ir al colegio, hay problemas para dormir, baja las notas o se queda encerrado. Muchas veces los niños también lo dicen abiertamente, si es sólo una vez y no va acompañado de otros cambios conductuales, no hay que preocuparse, pero si el comentario aparece 3 ó 4 veces, hay que tomar cartas.
2. Usar los conductos normales: lo mejor es plantearle el problema al profesor jefe a modo de preocupación general para que la situación sea arreglada internamente. Sólo si corresponde, se recomienda acudir a niveles más altos.
3. Plantear el problema en forma positiva: permite usar las propias estructuras del sistema, lo que lo va permeando y permite que éste responda rápida y positivamente.
4. Dar espacios de participación al menor: el niño tiene que generar un vínculo adulto con educadores, no darles toda la responsabilidad a los padres, por ello es conveniente que el menor también se comprometa a mejorar su conducta o notas.

fuente: http://www.latercera.cl/medio/articulo/0,0,38035857_165317001_263699883,00.html

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1. wailleleni - December 10, 2011

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